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Misiones (Argentina) con su entrecruce multicultural, su clima y su geografía, fue conformando una identidad cultural propia y peculiar, la cual nos ofrece una original veta literaria para explorar y explotar...

Por qué no, desde la literatura, resguardar en la constancia de la letra, grageas de idioscincracia, cosmovisión, prácticas y acontecimientos socio-históricos de esta nuestra región cultural...

Entonces, y aunque no me aparte de una literatura más "universalista" (sea en sus temáticas o escenarios), deseo aprovechar este medio para ir ofreciendo, con mayor preferencia, una forma de literatura íntima, regionalista...



AGOSTO [poema] ; AGOSTIMIA [poema]

AGOSTO [poema]


Julio prepara la tierra con las heladas,
la sojuzga con su saña de fríos
para que agosto pueda darle al aire
esa vibración gris
de cerros brumosos
que el hombre exacerba
con las quemazones.

Los vientos, los soles
secan los caminos,
bruñen sus huellas granates,
hasta que parecen,
de lejos, dos bandas de esmalte
brillante
mientras suben y caen,
mientras llevan y traen,
las mañanas, las tardes...

Agosto de agobiados aires,
de díscolos vientos,
de opacos follajes
o de ramas desnudas,
de campos blanqueantes (pulcros),
de soles –esferas de sangre–
que mueren ahogados
en cauces de humo sobre el horizonte.

Para quien sepa verlo
dará agosto primicias de resurrección
Y sus signos:
cauta, la luz que
de a poco alarga sus horas,
las ventolinas templadas,
algún duraznero de anticipadas flores,
la copa –montaraz hoguera–
feliz del lapacho...

Murmullos de seno ubérrimo
nos trae agosto.
Sitial de vida renovada
será agosto
sobre la tierra lasa.

 
AGOSTIMIA [delirium pre primum veris] [poema]


Ayer al salir advertí el atardecer distinto:

paños de tules desde un cielo de celeste desleído, acenizado,

un airecito ondeante acariciaba el rostro como una gasa tibia,

cercado fucsia rabioso de azaleas bordeando la avenida,

la bruma sosegada difumando las lomas y el bajío

ya umbroso de copas y techados con luces de zinc.

El sol —naranja de invierno— cayendo en sangre a una noche menos larga,

y, cuando el primer asomo de crepúsculo,

cielo todavía claro, sobre la silueta carbón de los árboles,

el retorno anuo de la gema del solitario lucero (Venus vespertino)

que puede llevarme —ojo vórtice de diamante fulgurante—

al espasmo de otras vidas

en otros inviernos, en otras carnes que hoy ya duermen,

eras de fogatas y de hielos, de certezas cósmicas sublimes…

Recién entonces advierto que es agosto, y una vez más

la antesala del ciclo indiferente del renuevo…

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